Ayer me escribieron preguntándome esto y me gustaría responder aportando mi experiencia personal.

Cuando yo tenía 30 años lo dejé con mi novio después de tres años de relación, había intentado por todos los medios que nuestra relación funcionase, pero no había manera… A pesar de mis esfuerzos y de mi enorme resistencia a la ruptura, la ruptura era nuestra única opción… En ese momento me resultaba dramático y no quería dejarlo por nada del mundo… No obstante no podíamos seguir viviendo juntos porque nuestra relación sencillamente no funcionaba.

Así que lo dejamos, había puesto tanto el foco en la relación durante 3 años, que apenas conocía gente en Madrid más allá de la gente de mi entorno laboral… Así que me quedaba sola en Madrid con mi familia a 450 km y sin apenas amigos o conocidos… del todo prometedor…condimentado con un trabajo solitario como era el que ejercía por aquel entonces: visitadora médica.

Me horrorizaba la situación, sola, solísima… Estuve a punto de irme a compartir piso por no estar sola… pero mi madre me lo quitó de la cabeza, todavía no sé muy bien cuales fueron sus motivaciones, pero a día de hoy se lo agradezco profundamente.

Allí estaba yo en Madrid con 30 años completamente sola. Y allí comencé a conocerme, allí conecté con las cosas que realmente me gustaban y un día conocí a unos chicos, “casualmente” en un área de servicio, con los que acabé yendo a un concierto punk de los que iba en mis años mozos y en ese concierto acabé hablando con más gente y cuando me quise dar cuenta tenía un grupo de amigos, así de forma natural, sin forzar, algo que no había sido capaz de hacer cuando tenía novio….

Y lo uno llevo a lo otro y fue seguido de mucha fiesta, muchas noches cerrando los bares de Madrid, muchas aventuras de vivir al límite… Y al principio se me caían las paredes de casa encima y solamente deseaba estar fuera, así que la fiesta, las cañas, las cenas y las salidas nocturnas me hacían sentir bien y de pronto como no había nadie más en casa de quien preocuparse pues comencé a preocuparme de mi… y comencé un bonito proceso de crecimiento e introspección… poco a poco, lo uno llevo a lo otro, me cansé de tanta fiesta y de tanta aventura (Recuerdo que esa época estuvo condimentada por el 15M, con lo que eso supuso de movimiento, inspiración y diversión)

Y un día ya no me molestaba estar sola en casa, más bien todo lo contrario… estaba tan agustito, y poco a poco iba aumentando mi autoconocimiento y con ello mi autoestima y poco a poco iba conectando un poquito más conmigo y aprendiendo a quererme…. Aprendiendo a reconocer mis necesidades y a satisfacerlas. Y en esa fase comencé a leer metafísica, psicología, crecimiento personal y comencé a meditar…

Y cuando me quise dar cuenta después de un periodo de tres años, me encantaba estar sola, disfrutaba enormemente de los ratos en soledad, o incluso de pasar días enteros conmigo misma.

Se me pasaban los días en paz y se me ocurrían infinidad de cosas que hacer estando sola y ya no necesitaba a un novio o a unos amigos que pusieran un parche a mi dolor y cuando me quise dar cuenta era feliz sola y eso es lo más parecido a la autentica libertad.

Bendita ruptura de pareja y bendito proceso de crecimiento, de aprender a estar conmigo misma.

Creo que estar en paz con uno mismo en soledad, es lo más parecido a la auténtica libertad. Agradezco enormemente este proceso de aprender a estar sola y encontrarme a mi misma en mi soledad.

% comentarios (1)

Lina

Feb 19, 2019 at 10:30 PM

Wow. Que experiencia de vida tan maravillosa. Yo despues de 11 años de matrimonio me he quedado sola y estoy en ese crecimiento personal de descubrirme y amarme en soledad.
Mil gracias por compartir tu proceso personal.

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