La pareja no es alguien que va a hacernos felices, sino alguien que va a confrontarnos profundamente, con el propósito de sanarnos o hacernos conscientes.
Es una persona que presenta una vibración equivalente, es decir tiene la misma cantidad de miedo y amor, pero en diferente polaridad.
Esa persona va a sacar a relucir lo peor de mi, porque justo eso va a entrar en conflicto con lo peor de si, ambos vamos a destrozarnos mutuamente, rompiendo y confrontando nuestros mutuos programas egoicos, pero en ese choque se va a dar la sanación de ambos.
Ya que el reto será que esa persona a priori es alguien con quien funcionan todas mis estrategias egoicas de supervivencia, alguien con quien a priori encajo y le gusta que yo le cuide, o le guíe o le proteja, o le lidere… o que le admire, que le haga sentir importante, que le haga sentir especial, que le seduzca, etc. Pero todas esas cosas de mi que le van a enamorar las va a repeler con fuerza con el tiempo, porque son una trampa.
Esas estrategias están basadas en el miedo a que no me quieran, no en el amor real, de modo que el otro permanecerá a mi lado, aprovechándose de eso que yo hago, hasta que me axfisie de tal modo que no me quede más remedio que soltar esa estrategia.
Eso que yo aprendí que funcionaba, al final se va a volver algo tan agobiante para mi que no me va a quedar más remedio que dejar de hacerlo si no quiero que mi pareja me vuelva loca. Y en ese dejar de hacerlo, esta implícito enfrentarme a mi miedo a no hacerlo. Enfrentarme a mi miedo a ser yo plenamente sin máscaras, sin estrategias, sin tratar de complacer al otro. Y en ese juego me sanaré gracias al otro.
Todo aquello que al prinicipio parecía maravilloso con el tiempo se va a convertir en una cárcel hasta que ambos aprendamos a relacionarnos desde la igualdad y a soltar todas nuestras estrategias para seducir, controlar y agasajar al otro, de modo que sólo se quede el amor.
Nos atizaremos en nuestros respectivos egos, hasta que sólo quede el amor real. Y en muchos casos tendremos que dejarnos y abandonarnos el uno al otro, ya que uno ha soltado sus condicionamientos y estrategias egoicas y el otro no, de modo que cada uno debe de seguir su camino por separado, para que ambos puedan evolucionar.
El sexo funcionará como un pegamento que nos mantiene juntos, ya que si no, no permaneceríamos juntos porque nos hacemos daño, porque nos retamos, porque nos llevamos al límite, porque nos confrontamos. Y el sexo funciona como una poderosa herramienta al servicio del proceso, manteniéndonos unidos a pesar del meneo mutuo al que nos estamos sometiendo.
En ese rifi rafe emocional nos iremos sanando y lo llamaremos amor.
Inconscientes de que el amor poco tiene que ver con el otro y mucho con el proceso de sanación que está teniendo lugar entre nosotros obligándonos a abandonar nuestros programas egoicos disfuncionales y a vibrar en el amor.
El amor es una vibración, no es algo que nos pueda dar otra persona.
Una vibración que alcanzo en un proceso de sanación que emprendo a través del otro, en el que el otro me hace de espejo para poder atravesar mis miedos y aumentar mi vibración cada vez más amorosa.
Cada vez más conectada, cada vez menos de mi y cada vez más de Dios en mi.
Covadonga

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Lorena

Nov 13, 2020 at 10:02 AM

Así es, el amor viene de mi y no de fuentes externas, que condicionados hemos estado siempre.

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